martes, 11 de diciembre de 2012

Vía del 85 en el Cerro Parón o Esfinge (5325m)


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La Cordillera Blanca, un sueño anhelado desde hacía mucho tiempo pero que no se materializó hasta el verano del 2011. Allí me fui con Richard y Mundi, sin muchas pretensiones pero con ciertos planes. La primera vez que uno piensa en escalar en la Cordillera Andina, enseguida afloran nombres como: Alpamayo, Huascarán, Chopicalqui, Artesonraju y otros muchos picos de 6000 m. De todos esos pensamientos, la actividad que más me motivaba era la ascensión a la cara E de La Esfinge. No se trata de un seis mil, ni de un nevado, tampoco hace falta el uso de crampones ni de piolets; se trata de una pared de granito de 750m. La vía elegida, “la vía del 85”, tiene una dificultad de (6a, A1/6c+; ED) y fue la primera que se abrió en esta cara, por Antonio Gómez Bohórquez (Sevi).

Desde Caraz (2256m) cogimos un taxi hacia la laguna Parón, más concretamente un toyota de esos indestructibles que llegan donde ni te puedes imaginar. Aproximadamente 25km de quebrada polvorienta y con multitud de piedras que más parece que estás atravesando el lecho de un río que una ruta para vehículos. A mitad de quebrada, de repente, surge una caseta con barrera bajada. Se trata de una especie de puesto fronterizo colocado por las comunidades agrícolas de la zona para recaudar dinero (mayoritariamente de los turistas) y que nada tiene que ver con el permiso que se paga en Huaraz y que da acceso al Parque del Huascarán. No era mucho lo que pedían pero como todas las comunidades de la zona decidan hacer lo mismo en cada una de las pistas de acceso a los nevados, al final te puedes dejar una pasta.

Desde el refugio de la laguna Parón se desciende hacia la canal de desagüe del lago Parón, por un sendero entre matorrales. Luego se asciende diagonalmente hacia los visibles bloques de roca y poco antes de llegar a ellos comienzan los hitos. Se asciende en diagonal a la izqda para alcanzar un collado bajo las pedreras de los nevados Putaca y se tuerce a la izqda (O) en dirección a la cara E de la Esfinge. Desde este collado es perfectamente visible nuestro objetivo, y la visión impresiona.
Nuestro Campo Base

Acampamos donde encontramos un pequeño afloramiento de agua. Es una zona con multitud de bloques de granito y un suelo terroso que se hace cómodo para vivaquear, y por supuesto, con vistas: Huandoys, Pirámide, Artesón son perfectamente visibles desde este asentamiento. Aproximadamente a 50 min. del collado, a otro tanto de la cara E y a 2-3h desde el inicio de la ruta. En la base de la cara E bajo el extraplomo de dos grandes rocas es posible vivaquear pero sin agua.
Pirámide y Chacraraju

Esa tarde nos dedicamos a montar la tienda y a acercarnos a la Pared para reconocer el inicio de la vía y para portear el material que llevaríamos al día siguiente. Teniendo en cuenta que la primera ascensión les llevó 9 vivacs en pared (actualmente el record de ascensión está en unas 6-7h) se hacía imprescindible tener clara la estrategia a seguir para la escalada. Para los mortales, lo más habitual si quieres hacer la vía en el día, suele ser equipar los tres primeros largos el día anterior y luego yumarear al día siguiente y escalar el resto. Nuestra intención pasaba por no equipar nada previamente, por lo que sabía que tendríamos que movernos rápidos para aprovechar las horas de luz y no nos comiese la noche en la pared.

Sin duda, algo imprescindible es llegar aclimatados, de lo contrario la ascensión se puede prolongar mucho más de lo esperado. Nosotros llevábamos unos 15 días en Perú haciendo actividad (cumbres en el Pisco y en el Alpamayo) y creo que fue aquí donde por primera vez me sentí perfectamente aclimatado. Recuerdo que unos días antes estuvimos en Hatun Machay, una zona de escalada deportiva por encima de los 4000m. En los 6a llegabas a la cadena como si acabaras de hacer los 100m lisos en 9:40. Lo máximo que pude encadenar a vista fue un 6b+/6c, eso sí resoplando como si estuviera haciendo un octavo. Vamos que nuestra amiga la altura se dejaba notar.

La vía comienza a la izquierda de unos arbolitos característicos situados en la base del centro de la pared. La mitad inicial de la ruta hasta la “plaza de las flores”, es sin duda la más interesante, donde se encuentran las mayores dificultades pero también los largos más estéticos. La segunda mitad es más difusa, hay que navegar y orientarse por una sucesión de tiradas más sencillas pero mantenidas.
L6 con los Huandoys al fondo

Eran las seis en punto de la mañana cuando comenzamos la escalada. El primer rayo de luz matinal fue la señal de salida esperada para calzarnos los gatos y empezar a escudriñar esa gran mole que se nos presentaba por encima. En esta ocasión la abordábamos Richard y yo, Mundi se quedaba abajo de apoyo logístico. Los primeros largos en seguida dejaron entrever que el granito de la Esfinge es diferente al que nosotros estamos acostumbrado por nuestras tierras: compacto pero no demasiado adherente. En la primera parte de la ruta vas encontrando algún clavo en las tiradas y también reuniones equipadas con spits, clavos y algún parabolt; mientras que en la segunda parte, después de la “plaza de las flores”, el equipamiento disminuye considerablemente y la orientación se hace vital para no acabar embarcándote. Recuerdo disfrutar mucho escalando las numerosas fisuras y diedros iniciales que te depositan en mitad de la pared, principalmente porque el tipo de escalada me agradaba, el ambiente era grandioso y gracias a que teníamos una climatología muy favorable. Por desgracia esto no duró demasiado y lo que era placentero, se convertiría en una lucha de automotivación para no quedarse helado y poder llegar a cumbre antes de la desaparición del último rayo de sol, nuestra señal de meta.
L8 (6c+/7a)

El largo más duro es el octavo, un 6c+/7a que se me hizo un tanto raro. Se trata de una travesía de izquierda a derecha que salva un desplome y que teniendo en cuenta que no nos sobraba el tiempo como para andar enredando, le eche un vistazo, y rápidamente aceré como un campeón.
Plaza de las Flores

Llegamos a la “plaza de las flores” alrededor de las 12h, con un sol radiante y un “caracara” recibiéndonos. El largo de salida se encuentra bastante a la izquierda y es un diedro perfecto y muy disfrutón. El sol peruano seguía acordándose de nosotros y esto nos daba muy buenas sensaciones. De aquí en adelante comenzaron nuestras penurias. Una serie de nubes comenzaron a entrar así como, una ligera brisa. Teniendo en cuenta que te encuentras por encima de 5000m y que al dejar de dar el sol la temperatura entra en barrena, los recuerdos que me vienen a la cabeza son los de estar moviéndome continuamente en las reuniones, para no quedarme helado, y la sensación de perder la sensibilidad de los pies. En cada inicio de largo no sabía en qué apoyaba mis pies, si debajo tenía un peldaño o una fina regleta daba igual; más parecían dos tacos de madera que articulaciones. De aquí al final fue una carrera sin tregua por mantener el calor y por no dejar escapar la luz.

Largo 21, escudriñando casi en la penumbra encuentro una reunión equipada en la roca cimera. Monto el tinglado. Grito: ¡sube! Miro a mi derecha y puedo ver la cresta de la Esfinge engullida en el manto nocturno. Son las seis de la tarde y la noche llega pero nosotros hemos alcanzado la meta en el horario previsto. 21 largos de emociones y de sensaciones increíbles. 21 largos como primero de cuerda. 21 largos en la Cordillera Blanca..

Nos abrigamos, nos felicitamos y con calma nos vamos en busca de los rápeles de descenso. A pesar de la noche, resulta fácil encontrarlos. Hay que seguir la cresta noreste hasta que esta llega a una zona más llana. Aquí, unos hitos de roca cuarcítica, que más parecen catadióptricos, indican el primero de los rápeles. Los otros dos rápeles, a pesar de la oscuridad los encontramos sin problemas. Después te diriges a la pedrera de la cara Este, con cuidado de no enriscarse en la primera parte del descenso, para lo que es mejor ganar la pedrera en su parte alta. Os dejo un pequeño video de la ascensión.



El material común que subimos para la escalada fue de: dos cuerdas de 60m, un juego de friends hasta el número tres de Camalot, un juego de micros (azul, verde y amarillo de Alien, y un amarillo de Wild Country), un juego de fisureros, unas doce cintas, un par de clavos, dos anillos de reunión y unos seis mosquetones de seguro.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Condiciones en Ubiña (9/12/2012)

Sin puente de la Constitución no había mucha gente con la que quedar. Dos alternativas para el fin de semana, escalada deportiva o cambiar el chip y empezar el contacto con la montaña invernal. Al final venció esta última y el domingo 9 de diciembre me di un "paseo" por el entorno de Ubiña para chequear las condiciones del macizo.

San Emiliano 9:00AM, -10,5ºC marcaba el coche, ¡un auténtico congelador!. Salí de Torrebarrio a las 9:30h y me dirigí hacia los llanos del Fontán con intención de subir al Siete por la normal.
Itinerario de la normal al siete en buenas condiciones
Pala normal al siete. Bordeando los Castillines.
Vista desde la cumbre del Siete

La nieve comienza a estar bastante transformada en las canales; eso sí, no se ve ni gota de hielo en los corredores; por lo que los mixtos tendrán que esperar.
Vista del corredor de la aguja
Desde el siete descendí hasta el 2º y 1º Castillín y hasta la Pasada de Puerta de Arco. Crucé al valle de Covarrubias y me dirigí a la horcada del Siete. La nieve en esta vertiente bastante transformada, de hecho serían entre las 13:00h y las 14:00h, dando un sol de justicia y la progresión no se hizo para nada penosa.

El inicio del descenso de la horcada del Siete en nieve costra y en la parte final la nieve mejora. Nada de hielo. La progresión por el Canalón del Buey se hace rápida, al estar la nieve en buenas condiciones para la progresión.
Canalón del Buey desde la horcada del Siete
Vista de la horcada del Siete y de la cresta de los Portillines desde el Canalón del Buey
 El peor tramo de mi "paseo" lo encontré en la vertiente sur de los Fontanes. Nieve costra y corchosa sobre las rocas.
Salida del canalón del Buey con el Fontán S
En el paso de los Fontanes al Prau, se hacía patente que no nos encontramos ante un "paquetón" de nieve y descender por él resultaba bastante delicado. Se encontraba falto de nieve, la que había estaba mal asentada y en condiciones precarias. Así que, saqué de cuerda y un pequeño rápel me depositó en la canal de ascenso al Prau. 
Paso característico del Prau a los Fontanes
A la hora a la que bajé del Prau (16:00h), el sol daba de lleno, calentaba de lo lindo y te undías bastante. Me fijé en las líneas del Crestón donde el agua comienza a escurrir. Esperemos que poco a poco se vaya tapizando la pared de hielo para poder hacer alguna vía pendiente por esos lares.
Vertiente leonesa del Crestón
 
Para los que queramos hacer corredores toca esperar. Para hacer ascensiones por canales la cosa pinta bien.

 



martes, 25 de septiembre de 2012

Directisima en en la cara Oeste del Picu



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Encontrarse en frente de la Oeste del Naranjo es una inspiración constante. Este megamonolito se mete con uno, no te deja dormir, te absorbe el pensamiento y no dejas de plantearte por dónde le atacarás en la próxima visita. Hacía tiempo que Xose y yo habíamos hablado de la posibilidad de juntarnos para ir a escalar la Directísima de esta cara del Urriellu; pero por cuestión de fechas la cosa estaba en “stand by”. Al final, el finde del 15 de septiembre pudimos coincidir los cuatro: Xose, yo, el Picu y la señora Meteo.
La Directísima (ED; 7b o 6b/A2) fue la segunda vía que se abrió en la “Oeste”, después de la célebre Rabadá-Navarro, allá por el año 1974. Se trata de una vía cuya concepción fue abordar los muros más fantásticos que he visto en el Naranjo, mediante técnicas de artificial, para lo que cosieron en gran medida la pared de “Pes” expansivas (Pitones de expansión).
La vía presenta tres largos iniciales bastante duros 7a, 7a+ y 7b y el resto de tiradas son más asequibles pero eso sí, los seguros fijos alejan más, la protección es complicada en algunos pasajes, los largos son muy mantenidos y de gran continuidad y siempre a tope de cuerda. Vamos, que hay que estar muy fuerte para encadenar los largos. Por contra, la roca es exquisita. Muros verticales llenos de agujeros donde la navegación se hace importante y todo ello en medio de una caliza súper compacta.
Mis impresiones: L1: 7a muy duro para liberar. De hecho yo decidí atacarle en libre como desayuno y se me atragantó. Es tal vez el largo más diferente al resto de tiradas. Un diedro fisura totalmente limpio. Una vez que pasas la primera parte dura se encuentra un clavo, que conduce a una panza en la que hay un spit y bastante más alejados, una vez que agarras una laja fracturada, un par de “Pes” antes de la reunión. La salida a la reunión es de adherencia sobre unas regletas malas, delicado. El largo lo resolvió Xose colgándose y acerando de un friend, a mi se me quedó el antebrazo izquierdo petado de tanto bloquear para intentar meter ese seguro y por aquello de no enredar demasiado le cedí los honores al boss. Por cierto, estando asegurando el largo inicial, en la Murciana se cayó un chico, creo que en el L2, y se llevó consigo un pedrolo bastante majo. Afortunadamente a él no le pasó nada grave pero se mascó la tragedia por momentos. Desconozco si habrá subido de grado la vía, la piedra era grande de cojones.
L2 y L3: Largos cosidos a “Pes”. El que quiera liberarlos que vaya fuerte. Tal vez el primero de estos dos se ve más claro. Moviéndote por la derecha de la línea de “Pes” puede resultar factible, el problema sería gestionar los seguros. El siguiente me parece más complicado para liberar ya que hay que navegar bastante y no se le veía una línea muy clara. Nosotros llevamos 16 cintas y en estos largos y también en muchos de los de arriba, las usamos todas, es más, nos tuvimos que colgar de los seguros para ir recuperando género.
L4 y L5. Magníficos largos. Una escalada de continuidad sobre los mejores muros de agujeros que yo he visto. Roca compacta y magnífica. Sigue habiendo “Pes” pero alejan algo más. A estas alturas ya habíamos hecho buenas migas con la cordada de sevillanos que teníamos por encima y con el “comando madroño” que estaban escalando a nuestra derecha en la vía “gizon berri bat naiz” (soy un hombre nuevo). El L5 termina en la vira central de la Oeste por donde confluyen las cordadas que vienen haciendo la Rabadá. Ese día había como cuatro o cinco cordadas que fueron desfilando por ahí.
L6. 6c de continuidad. Muy mantenido. Tiene un inicio que intimida por que la primera “Pe” que ves está lejos y hace algo de barriga. Para proteger tienes un clavo de salida de la reunión y luego hay que navegar bastante para ubicar los cacharros aunque siempre sobre buen canto. Una vez pasas esa sección, retomas ese muro infinito que hay ahí arriba, intercalado con algún pasaje más fino de adherencia. En este largo hice una reunión sobre dos “Pes” y un puente de roca, debido a que los sevillanos que iban por encima, no encontraban la reunión por ningún lado y efectuaron un relevo de fortuna a unos 10 metros por encima mía. Es posible que juntando este largo y el L7, que hizo Xose, y a tope de cuerda, se pueda hacer en uno.
El resto de tiradas, del L8 al L12, son largos de navegación. Las “Pes” prácticamente desaparecen y sólo tienes que plantearte dónde colocarás los seguros. Hay muchos agujeros, pero de formas caprichosas, que no siempre se amoldan correctamente para la autoprotección. No son difíciles, pero si algo expuestos por que no te paras mucho a proteger. Justo antes de llegar a la Laja España se pasa por una sección de roca algo fracturada, pero es una anécdota en este océano de muros compactos. 
El tiempo invertido fue de alrededor de 10h, lo que para mí está bien, pero a los ojos de un “profesional” es posible que sea un tanto lento.
Por último indicar que esta vía puede llegar a ser muy peligrosa, no por la escalada en sí, sino más bien por las acciones de otras cordadas. En los largos finales de manera reiterada, cayeron numerosas piedras de la parte somital del Picu. Con toda seguridad por la actuación de cordadas que se encuentran en el tramo final de la Murciana, (cabras seguro que no eran, que ya lo decía el Marqués: que al Picu no había animal de pezuña que se subiera). Hay una zona de roca suelta en la parte superior, pero por la que es posible pasar y no tirar absolutamente nada, nosotros así lo hicimos. Me parece importante que reflexionemos sobre el hecho en sí, pues no basta con gritar piedra, hay que evitar tener que gritarlo; más aun en un entorno donde el gran número de cordadas que pueden deambular por debajo nuestra, se puede traducir en que unos estén arriba de celebración y en ese mismo instante, a 50 o 100m, halla un cuerpo colgando de una cuerda. Entiendo que a uno se le caiga una piedra escalando, pero estoy seguro que la mayoría de las que llovían eran motivadas por no prestar atención en el manejo de cuerdas o al transitar descuidadamente por un terreno fácil pero descompuesto. Además de las tres o cuatro piedras que nos cayeron en los largos finales, hubo una que no me mató por 30 cm mientras estaba en Laja España apunto de echar una meada.
Que quede claro que la vía es muy buena, pero como estoy en plan reflexivo no me puedo despedir sin indicar las malas vibraciones que se están transmitiendo en el Refugio de la Vega del Urriellu. Entiendo que la gente quiera ganar dinero, pero hay maneras de hacerlo. Un refugio no es un hotel. No se debe dedicar exclusivamente a dar servicios retribuidos y si los da, que tenga en cuenta la idiosincrasia de lo que allí se encuentra. Creo que se trata del último eslabón que une a las montañas y las personas, y como tal adquiere una responsabilidad superlativa en la transmisión de la cultura alpina o montañera. Un refugio no se puede convertir en un gimnasio donde tú pagas y te dan un espacio para que te ejercites. Ese espacio del que estamos hablando no es la zona escuela de al lado de tu casa, ni las gentes que deambulamos por allí somos gimnastas ni escaladores de salón; hay algo más detrás. El que no se pierda esa cultura, el respeto por el entorno donde nos encontramos, el espíritu de compañerismo son valores a conservar y sobretodo a transmitir, y creo sinceramente, que se trata de una tarea en la que los refugios tienen mucho que decir. Aunque en la Vega del Urriellu se hallan olvidado de ello.
Por último, dar mis felicitaciones a Víctor y Lucas por ese pedazo de viote que se hicieron el sábado (La Rabadá-Navarro). La primera vez que se sube por esa pared siempre queda marcada y si es por una vía con semejante historia aún más. Enhorabuena.

martes, 18 de septiembre de 2012

Porriño en el Pico Torres


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Reunirse con amigos para escalar siempre es bueno y ese era el plan para el finde del 8 y 9 de septiembre. Una llamada de teléfono me tentó para acercarme hasta la zona del Pico Torres y realizar alguna escalada clásica con Iñaki y Carolina. A la invitación también se apuntó Mar que hacía bastante que no escudriñaba paredes montañeras.
Así que con ese pretexto, quedamos en La Felechosa. La actividad propuesta fue atacar la vía Porriño del Pico Torres (MD inf (V+)). En principio y sobre el papel una vía fácil donde todas las reuniones están equipadas y el grado resulta muy asequible para todo el mundo.
El punto de partida es el puerto de San Isidro desde donde es perfectamente visible el pico Torres y su vertiente sur. Se puede acceder directamente desde el alto del puerto por unos senderos entre matas y con bastante pendiente en la parte inicial, o bien, dando un rodeo siguiendo el río Isoba, hasta alcanzar la Majada del Torres; más largo pero muy tendido y cómodo.
La escalada en el Torres es muy particular. Se trata de una pared cuarcítica, nada habitual, que genera muchos agarres horizontales e invertidos para manos y múltiples adherencias y apoyos para los pies. Presenta una gran cantidad de losas y de repisas estratificadas horizontalmente que hace que te sientas extraño al evolucionar por la pared.
De la vía destacaría que es una vía corta, unos 200m y bastante tumbada. Las reuniones están equipadas con parabolts, aunque se encuentran oxidadas, por lo que son difíciles de encontrar al mimetizarse perfectamente con el propio tono de la pared. Lo mismo le sucede al equipamiento intermedio de los largos, los pocos parabolts y clavos que se encuentran en la vía, son difíciles de ver hasta que no estás cerca de ellos. Tal vez el segundo largo, después de la trepada inicial, sea el mejor de la vía, donde la roca presenta algún pasaje de escalada algo más intenso pero que moviéndose bien de pies se resuelve cómodamente. Lo que menos me gustó fueron las muchas losas separadas de la pared e inestables por las que tienes que pasar tanteando y en muchos casos, aunque no tirando de ellas, si que las usas en los apoyos, ya sea de manos o de pies, lo que te da una sensación incómoda por si se desprendieran.
Al final un bonito día de trepada montañera, con un amago tormentoso que no pasó de eso, buena compañía y disfrutando de ese nexo que nos une a muchos de nosotros que es la escalada.

jueves, 30 de agosto de 2012

Mi primera de las seis caras norte de los Alpes: vía Comici-Dimai en la Cima Grande de Lavaredo.

Habían pasado nueve años desde la primera vez que estuve en Dolomitas y no me acordaba de lo lejos que están. Demasiado. Demasiado para ir con poco tiempo y en coche. Demasiado para estando en el paraíso de las paredes infinitas querer dedicarse a hacer bordillos. Y aún más lejano, si con quien has planificado el viaje es de espíritu voluble e inseguro. Afortunadamente, las montañas seguirán ahí (mientras no les moleste a los mercados) y las personas, siempre pueden madurar y aclarar sus ideas.

Bueno; una cara Norte, suena interesante y si está en los Alpes más. Como decía alguien: “si tengo que morir que sea en una cara Norte”.
Las Tres cimas de Lavaredo son por todos conocidas. Se encuentran en el corazón de los Dolomitas, a unos 30km de Cortina d’Ampezzo y muy cerca del lago de Misurina. Muy visitadas por turistas, senderistas, bikers y escaladores. Para acceder a su entorno, se hace necesario utilizar una carretera privada donde hay que pagar 20€, a los que habrá que sumarle 5€ por cada día de permanencia en el parque. Antes era posible escaquearse entrando o saliendo a deshora, pero actualmente hay un sistema de barreras automatizadas que evitan toda pillería. Una vez dentro, existen varios parkings donde dejar el vehículo y donde pernoctar si tienes furgo. Si montas tienda y desmontas rápido por la mañana, nadie te dirá nada. Si pretendéis estar más cómodos y dejaros una “pasta gansa” se puede uno albergar en el refugio Auronzo, al lado del parking o bien, el refugio Lavaredo, a 15 min andando desde donde termina la carretera de acceso al parque. Existe otro refugio pero de más incómodo acercamiento, al estar más alejado de donde muere la carretera, el refugio Locatelli, pero que por contra es poseedor de la vista privilegiada y conocidísima de la vertiente norte de las Tres Cimas de Lavaredo, “la que sale en las postales”.
El 7 de agosto nos encontrábamos cenando David y yo en el bucólico y hermoso Lago Antorno, por encima de Misurina y último emplazamiento antes de entrar en la carretera privada que lleva a las “cimas”. Nuestra idea era asesorarnos del tiempo en el Refugio Auronzo al día siguiente temprano y si las condiciones lo permitían meternos en la vía Comici-Dimai 550m, 6c / V+, A1; la clásica de la cara norte.
Uno llega a cierta edad o tiene ciertas tablas, llámese como se quiera, y no está para darle muchas vueltas a las cosas. Por experiencias pasadas sabía que la meteo en la zona suele ser complicada en esta época; nubes amenazantes con claros que transmiten las dudas suficientes como para decidir si meterse en la pared o no. Yo lo tenía cristalino: hay que subirse, la mayoría de las veces aunque se cubra, al final no descarga. Sabía que este plan nos condicionaría la hora de salida, también sabía que el tiempo era suficiente para realizar la vía y si además hubiese más cordadas, nos evitaríamos las aglomeraciones mañaneras; que una Norte es una Norte y siempre son codiciadas por muchos.
Mientras cenábamos se acercó una furgo con matrícula de España. Casualidades de la vida, uno de ellos era de Huesca y colega de David. Llevaban unos días por la zona y nos confirmaron que el tiempo estaba revuelto: unos días caía algún chaparrón y otros no. Para el día siguiente más de lo mismo; “ahora sí que estaba claro”..
Dormimos en el aparcamiento que hay por encima del refugio Auronzo y no nos levantamos temprano. El material a llevar para esta primera Norte lo habíamos seleccionando por la noche: un juego de friends hasta el número 3, otro juego de microfriends, un juego de fisureros, 15 cintas, dos cintas de reunión y 6 mosquetones de seguro; más o menos lo habitual. El reloj sonó a las 7:30h y hasta las nueve pasadas no empezamos a caminar. Lo que sucede en este periodo de tiempo desde que uno se levanta hasta que comienza a enfrascarse en la actividad propiamente dicha, sigue siendo un misterio. Independientemente de donde te levantes, ya sea refugio, atrio, soportal, camposanto, pradera, tienda, cobertizo, furgoneta, parada de autobús o cuneta; ya sea invierno o verano; ya te encuentres con Pamela (la de los vigilantes) o con el callo de tu compañero de “troulas”, no se por qué, es imposible ponerse en acción en menos de una hora. Supongo que la dimensión temporal se rige por parámetros ajenos a nuestros biorritmos costumbristas.
Sea como fuere, empezamos la senda que rodea las “cimas” en medio de los turistas y las familias que visitan el parque. Ser escalador en Italia parece que es ser algo. La gente te mira diferente, yo diría que más que mirarte te ven con cierto orgullo. Se preocupan de preguntarte a dónde te diriges y en sus ojos se puede ver una sensación de respeto cuando les informas; ¡cuánto nos queda por recorrer!..”
El acercamiento a pie de vía es realmente cómodo, en una hora te puedes situar en la base de la pared. Al final, entre sortear gente, alguna que otra foto, que si la meteo no da mucha confianza, que si la cara norte intimida, que cuál es el zócalo de entrada a la vía, que qué grande es esta pared, etc; no empezamos nuestra escalada hasta cerca de las 11:00h.
Por encima nuestra, en la misma vía, se vislumbraban tres cordadas que debían andar por el tercer o cuarto largo; no pensamos que eso pudiera convertirse en un problema, pero a la postre sí que condicionó toda la escalada.
El comienzo de la vía consiste en realizar una serie de trepadas fáciles (¡ojo con la roca suelta!) por un zócalo muy evidente hasta ganar una cómoda repisa donde empieza la escalada propiamente dicha. La vía en general está muy claveteada y no ofrece muchas dudas en su itinerario. Las dificultades aparecen ya en el tercer largo. Allá donde veas en una vía un trozo de cordino colgando de un anclaje hazte a la idea que seguro que hay un “pasito” donde apretar. Este largo, 6b+/6c transcurría de derecha a izquierda inicialmente, sobre una roca extremadamente pulida y bastante cuarteada, y casualidades de la vida había un cordino bien largo y majo. Ante este panorama no queda otra, acerada. Este largo es toda una declaración de intenciones de lo que te espera en la vía: muchos tramos de roca fracturada, junto con pasajes un tanto patinosos y algún que otro cordino colgante.
Este tercer largo lo enlacé con el cuarto. En este punto vimos como una de las cordadas que estaba por encima nuestra comenzaba a rapelar. Creo que eran alemanes. Estaban que trinaban; llevaban en la pared desde las 7:00h y tuvieron que estar esperando en una reunión dos horas y en otra una hora más. Una cordada de escoceses que iba por delante estaba ralentizando toda la escalada y decidieron bajarse. Aquí nosotros también nos planteamos descender, porque los teníamos en la reunión siguiente, pero una vez que ya estábamos metidos en faena, que sólo quedaban dos cordadas por encima y viendo lo variable de la meteo para los siguientes días, casi mejor aprovechar el momento y tratar de adelantar si es posible en algún largo.
El siguiente largo tardé en iniciarlo más que nada para darles margen a las cordadas de arriba y lo mismo sucedió en la siguiente tirada. Los relevos 7 y 8 son bastante duros y mantenidos pero tal vez los mejores de la vía. Si no te sales de la línea de la vía la roca es bastante buena y con algún pasaje disfrutón.
A medida que vas ascendiendo dos cosas son las que más te llaman la atención: la cantidad de piedras que se precipitan al vacío. Nunca había escuchado tantas estelas “ululantes” rondar mi espacio aéreo, afortunadamente la pared cae hacia el lado malo y éstas no la tocan; y por otro lado, la cantidad de colillas que te vas encontrando en el itinerario. No debe de haber un solo largo donde no encuentres alguna colilla encastrada en las pequeñas fisuras que presentan; ¡es un tanto penosa la imagen que da..!.
El siguiente tramo sería el ideal para adelantar. Hay que superar una especie de canal pedregosa de unos 120m que es posible abordar por diferentes zonas. Hicimos dos largos donde es posible que metiera un total de cuatro o cinco seguros, lo que evidencia que no es muy difícil. Pero justo donde podríamos haber ganado tiempo tuve el problema que una de las cuerdas se enganchó en un saliente y me hizo tener que ir arrastrando de ella y esforzándome enormemente para poder avanzar, ¡porca miseria!
Así llegamos después que los escoceses al siguiente cuello de botella, el L12. Un diedro-fisura de 50m que estaba totalmente empapado y sobre el que caía agua de una canal superior. La verdad que el largo de estar seco sería muy bueno pero en las circunstancias en las que se encontraba, te obligaba a ir con mucha atención para no resbalar. Instintivamente trataba de secar las manos en la bolsa de magnesio pero no servía de nada, sólo conseguía generar una pasta sobre ellas nada adherente. Algo de acongoje pasé y eso que sobre el papel no pasa de V+. Mirado con otro enfoque, creo que fue el largo que más claramente evoca lo que es una Cara Norte Clásica: austera, lúgubre, expuesta, húmeda y épica.
La reunión de este largo se hace en un nicho muy cómodo, sino fuera porque te estás mojando. Al llegar a él, el escocés me dijo algo así como “ha sido divertido”, yo pensé que estaba un poco loco.
Sólo quedaba un largo difícil. Una travesía de V+ a la cual había que acceder por una especie de chimenea totalmente empapada. Una vez que te izabas y ganabas unas placas a la izquierda la roca estaba seca y la progresión no ofrecía muchas dificultades. Los dos largos finales son un poco difusos y tanto puedes ir por la derecha como por la izquierda, eso sí, con cuidado de no pillar roca descompuesta.
De esta manera se alcanza el final de la vía que termina en la repisa circular que rodea la parte superior de la cima Grande. La cumbre se alcanza realizando una serie de trepadas fáciles o bien te coges la repisa y te vas a buscar el itinerario de bajada que si no se conoce tiene su “aquel”.
Eran alrededor de las 21:00h cuando llegamos al final. Se hacía de noche y no conocíamos el descenso. Hace nueve años había escalado en esta misma cumbre la vía Dibona. En el descenso nos habíamos liado y realmente se convirtió en toda una odisea llegar al suelo. Con esa idea en la cabeza nos piramos en busca de los hitos de bajada. Según se indicaba en la reseña que teníamos, los rápeles de bajada se encontraban siguiendo la repisa circular hasta estar en frente de la cima Piccola en un punto donde había unos cuantos hitos juntos. Entre que la luz ya era escasa y comenzó a entrar la niebla tuvimos bastantes dudas hasta encontrar los rápeles de bajada, pero acertamos. El resto del descenso se convirtió en una inquietante búsqueda del siguiente rápel en medio de la noche. Todos los rápeles están equipados, al principio con párabolt y cadena y luego argolla con químico. Además, están dispuestos para poder bajar con una sola cuerda lo que es recomendable, porque si vas con las dos se hace muy incómodas las maniobras. Nosotros nos equivocamos en dos puntos: en uno nos pasamos el rápel y tardamos bastante en volver a recolocarnos y en otro punto, donde al acabar el cuarto rápel hay que cambiar de vertiente y no dejarse llevar por la línea que se lleva. Aquí perdimos muchísimo tiempo y hasta que volvimos a la senda correcta pasaron un par de horas tranquilamente. Al final, resignación y bajar con calma tratando de no pasarse ningún rápel más. Hasta llegar al suelo fueron alrededor de 10-11 rápeles, aunque si el descenso lo emprendes con luz, la mayoría de ellos se pueden destrepar.
En definitiva, navegar por una Norte no sólo consiste en coger la reseña de la vía y analizar fríamente lo que allí se nos indica. Se hace necesario entender lo que implica un itinerario de esta envergadura, ya sea por su historia, por lo mediocre de su roca, por lo transitada que se pueda encontrar, por lo largo de la ascensión y sobre todo de sus descensos y porque, afortunadamente, nos siguen demostrando ¡qué “titanes” eran esos escaladores de antaño!. No hay Norte pequeña sólo escaladores ingenuos. Nos vemos en la siguiente..

viernes, 24 de agosto de 2012

Sur Directa a la Maladeta; MD; 6a+ (V+ oblig).



Ya hacía tiempo que había escuchado que el mejor granito del Pirineo se encuentra en la Maladeta y más concretamente en la vertiente sur del Pico Abadías (3279m); así que hacia allí nos encaminamos Aviño y yo. 

¿Cómo llegar a la vertiente sur de la Maladeta? Desde mi punto de vista el recorrido más agradecido es subir por Ballibierna hasta el refugio del puente de Coronas. Importante informarse del horario de autobuses que suben hasta allí, de lo contrario te puedes comer unos 9 Km de pista realmente insufribles si vas cargado con el material de escalada y de vivac. Una vez allí, seguir la ruta que se dirige a los ibones de Coronas y al alcanzar el ibón medio dirigirse al collado de Cregueña (cairns). Desde este collado ya se atisba la magnífica pared sur del pico Abadías. Desde allí, nosotros descendimos hacia el lago de Cregüeña, más concretamente hacia una enorme losa de granito que deja debajo suya un espacio bastante interesante para realizar un vivac.
Para el descenso a la civilización yo recomiendo seguir el valle de Cregüeña hasta alcanzar el puente de Cregüeña y de ahí, cómodamente llegar a la zona de acampada de Plan de Senarta, donde habíamos dejado el coche. Este descenso tiene zonas bastante descompuestas que no harían muy agradable ascender cargados por el hacia las Maladetas; pero nos permite completar una actividad circular de lo más interesante.
Esta vertiente de la Maladeta es realmente muy salvaje. Se ven neveros que perduran todo el verano, cordales graníticos que recuerdan territorios alpinos y el lago de Cregueña que le da un ambiente y un encanto especial a todo este valle. Posteriormente, me enteré que se trata del lago natural más grande del Pirineo y creo que el segundo de la Península.
Pues bien, una vez alojados en nuestra covacha, a cenar, a contemplar el lago y los cambios de tonalidades que va experimentando a medida que se retira el sol, a preparar el material de escalada para el día siguiente y al saco a descansar y disfrutar de una noche en el corazón del Pirineo.
No madrugamos demasiado. Por la mañana tarda en dar el sol y hace fresco. Salimos del saco al escuchar unos gritos de dos elementos que llegaron por el collado de Cregüeña. Eran David y Lorenzo que al decirles que íbamos a estar por la zona se acercaron a escalar con nosotros. Se dieron un buen madrugón para coger el autobús que sale de Benasque a las cinco de la mañana y que te lleva al puente de Coronas.
La sur del Abadías es una vertiente sur rara, poco convencional. Para ser una sur tiene un nevero permanente en su base que hace complicado acceder al comienzo de las vías. Además, para ser una sur, tarda en dar el sol y hace un “rasque” del demonio; vamos una Sur con personalidad.
Al final entre que si tengo frío, que si la roca está fría y unas cuantas historias y risas no empezamos a escalar hasta alrededor de las 11:00h.
El comienzo de la vía es muy evidente. Una fisura tumbada y pulida salva un gran bloque característico por su derecha. Esta zona inferior presenta un granito tremendamente pulido, supongo que por la acción erosiva del hielo sobre el mismo. De hecho tiene un paso de adherencia un tanto incómodo de 6a+, que cuesta resolver.
De los siguientes largos destacaría: el inicio del segundo, donde tienes que sortear un bloque algo fracturado y que no da muy buen feeling; pero se trataría de la excepción de la vía, el resto de largos siempre sobre un buen granito; el cuarto largo, es el menos evidente de la ruta. Sales de una reunión de fortuna que montas sobre friends y fisureros y justo por encima tienes dos diedros perfectos que te incitan a meterte por ellos, Hay que ir atentos porque en cuanto enfilas el diedro de la izquierda puedes ver un bloque repisa aún más a la izquierda y donde hay un tinglado para hacer reunión o para rapelar. No es necesario hacer reunión, si sigues y remontas un diedro muy disfrutón que se encuentra a su lado, se llega cómodamente a una repisa donde se hace el siguiente relevo; el sexto largo, para mi, el mejor de la vía. Muy mantenido y de buscarse bastante la vida para auto-protegerse. A tope de cuerda (60m) y subiéndose algo el compañero, se llega a la reunión que se encuentra justo debajo de la “gárgola”.
Mención aparte merece esa piedra que sobresale de la pared dos o tres metros y que por arte de birle birloque se mantiene en horizontal al suelo; le llaman la “gárgola” y sólo por la curiosidad de alcanzarla merece la pena hacer esta vía. Una vez encima de ella da la impresión de estar en un trampolín, o mejor dicho, en una plataforma de salto. Desde ella se aprecia perfectamente lo separada que está de la pared y lo que ésta desploma, me imagino que sería una lanzadera perfecta para hacer salto base si la pared tuviera algo más de altura.
El descenso se hace por rápeles de la misma vía excepto el primero. Para encontrarlo se rodea hacia la derecha y por unas gradas evidentes ganas la cresta que baja de la cumbre hacia el sur. No está muy arriba en la cresta. Cuidado con este primer rápel, hay que guiar bien las cuerdas para evitar que al recogerlas se enganche en un saliente a modo de cuerno que parece estar puesto allí para dar la lata. Son cinco rápeles de bajada, aunque con cuatro te quedarías muy cerca del suelo.
Después de los rápeles toca recoger el vivac y para abajo. A pesar de que chispeó algo durante el descenso y de que llegamos a Plan de Senarta bastante tarde, e de decir que el valle de Cregüeña me pareció impresionante, al igual que este paredón de granito medio escondido en la cresta Maladeta-Aneto. Un sitio para regresar ya sea a patear o a escalar.

jueves, 23 de agosto de 2012

Brujas-Franco Española en el Tozal del Mallo

Julio es un mes propicio para viajar a esos destinos, que por desgracia, no nos quedan demasiado a mano.
Así que hacemos el petate y con una semana por delante me voy con Aviño hasta Pirineos. El primero de los objetivos era Ordesa; más concretamente el Tozal del Mallo al que le tenía muchas ganas desde hace unos cuantos años. La vía elegida: Brujas-Francoespañola (435m, 6b+, (V+ oblig)). Según muchos pirineístas, esta combinación de la primera parte de la Brujas, junto con la segunda sección de la Francoespañola, es de las mejores escaladas que se pueden efectuar en Ordesa.
Ordesa es especial. Nunca semejante caos de bloques en equilibrios inestables y en contra de la gravedad, han generado paredes tan singulares para los escaladores. Seguir los itinerarios no suele ser sencillo, el embarque ronda cada diedro que se asoma a nuestra mirada y los bloques precarios intimidan los avances realizados. Pero todo ello hace que la escalada en Ordesa se vuelva adictiva. Una vez que te acostumbras a sus peculiaridades, las sensaciones que tienes son de un terreno de aventura absoluto. El escudriñar por ese caos de bloques llega a ser placentero y tremendamente satisfactorio; eso sí, mejor con un buen crokis.

Día 22 de julio, domingo, en vez de ir a misa como nos enseñaron de pequeños, cogemos el primer bus que deposita a los viajeros en la campa de Ordesa, durante los meses de verano. De allí, en una hora, se alcanza la base del Tozal siguiendo una senda perfectamente marcada que serpenteando por el frondoso bosque de pinos, abetos y hayas se dirige al circo de la Carriata. Se rodea el espolón característico de inicio de la Ravier y se alcanza la pared sur.
El inicio de la vía es bastante claro. Una flecha grabada en la roca indica la dirección a seguir en las trepadas iniciales, hasta alcanzar un bloque característico, donde haces la primera reunión. La vía en general, para ser Ordesa, se sigue estupéndamente y la roca por la que te va llevando es buena; sin olvidarnos que estamos en el universo de los bloques levitantes y que alguno puede ser, que se le de por suicidarse. “No fue el caso”.
Las sensaciones de la escalada son siempre estupendas. “Ambiente grandioso en Ordesa”. Los largos duros se pueden forzar todos en libre y es justamente allí donde la roca es mejor. Mi impresión fue que el largo más mantenido es la última tirada de 6b (L11); me pareció más duro que el tercer largo, que aun dándole 6b+ se resuelve fácilmente. Puede ser porque se encuentra al final de la ruta o porque lo tuve que hacer con la mochila a cuestas; “el Aviño andaba un poco desfondado pero aun así, seguimos en la brecha”.
La cumbre del Tozal es realmente bonita. Las vistas del cañón de Ordesa son fantásticas y el paseo de bajada se agradece enormemente, ya que te permite ir diluyendo la adrenalina de la actividad con las bucólicas praderas de edelweis y sarrios inquietos por nuestra presencia.
No fue lo único que andaba inquieto ese día. También la Guardia Civil. Con su helicóptero estaban buscando a una pareja de holandeses que habían solicitado un rescate. Justo antes de llegar a las clavijas de la Carriata nos los encontramos y parece ser que no se atrevían a bajar por ellas, por lo que llamaron al cuerpo de rescate. Como no sabían hacer la señal de llamada de emergencia el helicóptero pasaba por encima de ellos pero no les hacía caso; así que lo llamamos, se acercó, descargó a dos funcionarios y pensando que los descenderían a pie por las clavijas, nos fuimos. Al rato los montaron en el helicóptero y para abajo. Una vez en Torla, nos fuimos a cenar y los volvimos a ver tomándose unas pizzas. Uno de ellos nos comentó que: “el viaje en helicóptero le había parecido muy bonito”... ¡Con dos cojones! En Aragón creo que no cobran los rescates, aunque sean negligentes; si no, a lo mejor en vez de estar cenando tan ricamente, estaban haciendo una colecta en la plaza del pueblo.

martes, 15 de mayo de 2012

Constantini-Apolloni (Pilastro di Rozes): mi primera gran ascensión

Cuando echo la vista atrás "¡qué  viejo voy!" y trato de recordar dónde se produjo la transformación personal que me hizo superar esa frontera entre ser un "primero de cuerda" o simplemente un aspirante a escalador, no tengo dudas: sin duda sucedió en la vía Constantini-Apolloni 7a /(V+, A2), MD+, 500m, en el Pilastro di Rozes, Dolomitas.
Llevaba alrededor de un año empezando a tomarme la escalada más en serio. Mis inicios siempre furon montañeros y no escaladores, de hecho, yo diría que mucha gente que hacía montañismo clásico en mi entorno y que empezaba a conocer, miraban con cierto recelo a los escaladores deportivos "frikis" e infrabaloraban la escalada deportiva. Tardé en darme cuenta que si quería alcanzar algunos de esos sueños alpinos que pasaban por mi cabeza, la escalada deportiva era incuestionable.
Empecé a salir más a mis escuelas cercanas, principalmente: Galiñeiro, Budiño y el Cañón del Sil y a pelearme con el sexto grado. Además, tuve la fortuna de conocer a un grupito de "gentuza" con mucha hambre por hacer rutas de escalada clásica, lo que me llevó a mi época dorada: ilusión a tope y multitud de sueños pululando por la cabeza. Por la semana escapada a escalar deportiva (una  tarde o dos por semana) y los findes: coche y hacerse un par de vías clásicas por Picos y estrivaciones "aquí nace el mito de la bala roja". Fueron un par de años de mucha intensidad y pletóricos de actividades. Aun recuerdo mi primer 6a de pared, como primero, cuando aún apenas hacía 6b en deportiva. Siempre fui bien de coco, aunque no fuese el más rápido del mundo.
A pesar de ir ganando confianza, gracias a las muchas vías que hacíamos, yo era perfectamente consciente de mis limitaciones. El hecho de llevar el peso de una cordada durante todas las tiradas me sometía a muchas inquietudes, pero a la vez me permitió descubrir el placer de escalar de primero por  terrenos vírgenes y de desarrollar mis propios recursos. Además, pude crecer como escalador gracias a poder estar con gente, que con muchas más tablas que yo, contaban conmigo para hacer algunas actividades que yo por mí solo, sé que no me atrevería a acometer. Aquí juega un papel decisivo Arturo. Escalar con él me daba mucha seguridad. Cuando nos metíamos en una vía "dura" yo iba de lo más tranquilo. La jerarquía estaba clara, él se hacía los largos más exigentes y yo me iba curtiendo en los quintos y algún que otro 6a. Como cambian las cosas cuando es uno sobre el que recae la responsabilidad de la actividad. Hay que conocerse, olvidarse de la esclavitud del grado y aprender a escalar, a desarrollar un repertorio gestual y técnico que te permita afrontar las situaciones "límite" (algunas ha habido) de la mejor manera posible. No es fácil, pero la satisfacción de ver como te vas superando tal vez sea de las sensaciones más potentes que recuerdo de aquellas actividades.
Así, entre escaladas y planes llegó el verano del 2003. Objetivos varios: alguna ruta por los Alpes del Delfinado (zona de Ecrins) y una visita a la roca dolomítica.
Hablar de Dolomitas era soñar con cumbres míticas: Tre Cime di Lavaredo, Civetta, Marmolada.., auténtica historia alpina. Después de hacer algunas escaladas, Arturo estaba muy interesado en afrontar el Pilastro di Rozes. Esta pared la había visto el año anterior y se quedó con muchas ganas de atacarle; la vía elegida por él era la Costantini-Apolloni, todo un superclásico de la zona. En un primer momento tenía pensado afrontarla con Mar, y yo, que hacía cordada con Carola, había buscado otra vía en la misma pared, pero más asequible, el Spigolo Constantini-Ghedina. El mal tiempo estaba al acecho, y esto impidió meternos en la vía en la fecha deseada, por lo que Carola se nos fue (se le acababan las vacaciones) y como Mar tampoco andaba muy fina decidimos juntarnos Arturo y el menda, e ir por la joya de la corona. Tenía dudas, el bocado era muy suculento y tentador, pero analizando el crokis de la vía había dos largos muy duros que me daban respeto, al igual que la longitud de la misma. Sopesé los pros (iba con Arturo) y los contra y decidí que si el tiempo nos dejaba íbamos con todo.
El día del ataque se levantó la mañana bastante fresca y con nubes y claros; un tanto incierta para la actividad que nos proponíamos pero ya estaba decidido. Nos acercamos a la pared desde el refugio Dibona situado a los pies de la Tofana di Rozes (Cortina d'Ampezzo). Nervios. Me sigue pasando igual: cuando afronto una escalada que llevo tiempo planeando, aunque sepa que debería poder resolverla, siempre me entra el nerviosismo de lo desconocido, supongo que es parte del juego. Los primeros largos nos vamos alternando en cabeza. La calidad de la roca y el escaso equipamiento no nos sorprendió, ya habíamos escalado por la zona y era algo que nos esperábamos. Yo iba contento, superaba con éxito los problemas que la pared me colocaba y la progresión avanzaba con buenas perspectivas.
Las nubes empezaron a pegarse a la pared y a amenazar lluvia justo cuando afrontábamos los largos decisivos de la escalada. Una sucesión de dos extraplomos separados por un largo duro y otro de salida bastante exigente. De aquellas no dominábamos el arte del séptimo grado "ahora tampoco, pero sigo perseverando" por lo que íbamos pertrechados de nuestros buenos amigos los estribos; tocaba hacer artifo. La verdad que cuando hice esta vía sólo había hecho artificial dos veces en mi vida, "osado de mí".
Como así lo planificamos estos tramos duros los abordaría de primero el "jefe". En el largo del segundo techo te quedabas colgado en el aire durante bastantes pasajes y con mi deficitoria técnica sudé y bien. De hecho hubo un momento donde me caí y quedé colgando de la cuerda. No me gusta caerme, ¡qué obviedad!, pero es que de segundo tampoco, sobre todo en clásica, donde los seguros siempre tienen un componente de fortuna en el que intervienen muchos factores: el tipo de roca (en este caso caliza bastante fracturada), los emplazamientos de reunión encontrados (ya os digo que no vimos un solo parabolt), la destreza y el material del escalador. Recuerdo que me costó volver a la pared, al quedarme colgado me separé de la línea y retomarla me implicó un sobreesfuerzo importante; además, Arturo me apremiaba para que no estuviese mucho tiempo penduleando, "la reunión no era de las mejores que había visto".
El siguiente largo era exigente, un 6a+ bastante desequipado, pero de roca buena, y que después de lo que llevábamos dio su trabajo. Lo recuerdo como uno de los mejores largos de la vía.
Superadas las mayores dificultades, llegó mi momento. A Arturo se le notaba cierto cansancio, "no era para menos después de la pechada que se había mandado de primero", así que me dijo que tratara de tirar yo de primero el resto de largos. Nos quedaban unos cinco largos pero bastante fáciles sobre el papel, "ninguno pasaba del V+". Yo asumí que tenía que empezar a liderar la cordada y a ello me puse. Sabía que el grado era factible, pero había que medirse bien porque las fuerzas empezaban a ir justas.
No recuerdo si los largos finales me resultaron difíciles física o técnicamente, pero de lo que especialmente me acuerdo es de la toma de decisiones, algo que todo primero tiene que afrontar. Las nubes seguían acompañándonos en nuestro periplo, si bien en algún momento se abrían, acabaron por quedarse con nosotros y limitándonos la visibilidad de manera notoria, no más allá de 10-15 m. Esto me produjo cierta ansiedad: terreno desconocido, cansancio, horario, climatología adversa; parecía que todo se conjuraba para que sufriéramos algún embarque. Pero no fue así, aunque pudo haber sucedido en el penúltimo largo. Este largo, de V, lo recuerdo especialmente. Había que afrontarlo con tendencia hacia la izquierda; pero con la mala visibilidad y el escaso equipamiento (en todo el largo lo único que encontré fue un clavo) llegó un momento donde me empecé a preocupar. No sabía si seguir más a la derecha, si tirar en vertical o si estaba totalmente perdido. Trataba de comunicarle mis impresiones a Arturo, pero entre que ya no nos veíamos y que él poco me podía decir, estaba claro que me tocaba tomar decisiones y rápido. Decidí seguir un poco más en travesía hasta que alcancé un saliente, allí miré hacia arriba y me pareció que era factible que la vía siguiese por encima; si bien, tampoco era descabellado seguir más hacia la izquierda. Estaba en un momento crítico, el equivocarme podría suponer un retraso considerable, en el mejor de los casos, o liarla y meternos en un  fregado de los buenos. Mi cabeza me decía que para arriba, pero no veía ningún rastro que me convenciese de ello. Avancé y superé el resalte. Justo por su cara opuesta "se me apareció Santo Clavo", ¡no estaba perdido!. Aun así, seguía sin saber si debía seguir en travesía o ganar altura. Por la colocación del clavo y por la orografía del pasaje, decidí subir. Escalé unos cinco o diez metros y llegué a una repisa  amplia en cuyo extremo izquierdo se encontraban dos pitones clavados en una fisura, que atravesaba el suelo de la misma. Fue el grito de "reunión" más gozoso de mi corta vida montañera. Me lo habían puesto difícil pero había conseguido salir victorioso de esta gran batalla personal. Ya sólo nos quedaba un largo y una serie de trepadas para alcanzar la cumbre del Pilastro di Rozes.
Esa noche dormí poco, y no por lo muy cansado que me encontraba, ni por las cervezas que nos tomamos como celebración. Tenía tal subidón que estuve repasando por mi cabeza la escalada un ciento de veces paladeando unas sensaciones endorfínicas, que consiguieron engancharme definitivamente a la escalada como primero de cuerda. Aún hoy, no he conseguido desintoxicarme.