jueves, 30 de agosto de 2012

Mi primera de las seis caras norte de los Alpes: vía Comici-Dimai en la Cima Grande de Lavaredo.

Habían pasado nueve años desde la primera vez que estuve en Dolomitas y no me acordaba de lo lejos que están. Demasiado. Demasiado para ir con poco tiempo y en coche. Demasiado para estando en el paraíso de las paredes infinitas querer dedicarse a hacer bordillos. Y aún más lejano, si con quien has planificado el viaje es de espíritu voluble e inseguro. Afortunadamente, las montañas seguirán ahí (mientras no les moleste a los mercados) y las personas, siempre pueden madurar y aclarar sus ideas.

Bueno; una cara Norte, suena interesante y si está en los Alpes más. Como decía alguien: “si tengo que morir que sea en una cara Norte”.
Las Tres cimas de Lavaredo son por todos conocidas. Se encuentran en el corazón de los Dolomitas, a unos 30km de Cortina d’Ampezzo y muy cerca del lago de Misurina. Muy visitadas por turistas, senderistas, bikers y escaladores. Para acceder a su entorno, se hace necesario utilizar una carretera privada donde hay que pagar 20€, a los que habrá que sumarle 5€ por cada día de permanencia en el parque. Antes era posible escaquearse entrando o saliendo a deshora, pero actualmente hay un sistema de barreras automatizadas que evitan toda pillería. Una vez dentro, existen varios parkings donde dejar el vehículo y donde pernoctar si tienes furgo. Si montas tienda y desmontas rápido por la mañana, nadie te dirá nada. Si pretendéis estar más cómodos y dejaros una “pasta gansa” se puede uno albergar en el refugio Auronzo, al lado del parking o bien, el refugio Lavaredo, a 15 min andando desde donde termina la carretera de acceso al parque. Existe otro refugio pero de más incómodo acercamiento, al estar más alejado de donde muere la carretera, el refugio Locatelli, pero que por contra es poseedor de la vista privilegiada y conocidísima de la vertiente norte de las Tres Cimas de Lavaredo, “la que sale en las postales”.
El 7 de agosto nos encontrábamos cenando David y yo en el bucólico y hermoso Lago Antorno, por encima de Misurina y último emplazamiento antes de entrar en la carretera privada que lleva a las “cimas”. Nuestra idea era asesorarnos del tiempo en el Refugio Auronzo al día siguiente temprano y si las condiciones lo permitían meternos en la vía Comici-Dimai 550m, 6c / V+, A1; la clásica de la cara norte.
Uno llega a cierta edad o tiene ciertas tablas, llámese como se quiera, y no está para darle muchas vueltas a las cosas. Por experiencias pasadas sabía que la meteo en la zona suele ser complicada en esta época; nubes amenazantes con claros que transmiten las dudas suficientes como para decidir si meterse en la pared o no. Yo lo tenía cristalino: hay que subirse, la mayoría de las veces aunque se cubra, al final no descarga. Sabía que este plan nos condicionaría la hora de salida, también sabía que el tiempo era suficiente para realizar la vía y si además hubiese más cordadas, nos evitaríamos las aglomeraciones mañaneras; que una Norte es una Norte y siempre son codiciadas por muchos.
Mientras cenábamos se acercó una furgo con matrícula de España. Casualidades de la vida, uno de ellos era de Huesca y colega de David. Llevaban unos días por la zona y nos confirmaron que el tiempo estaba revuelto: unos días caía algún chaparrón y otros no. Para el día siguiente más de lo mismo; “ahora sí que estaba claro”..
Dormimos en el aparcamiento que hay por encima del refugio Auronzo y no nos levantamos temprano. El material a llevar para esta primera Norte lo habíamos seleccionando por la noche: un juego de friends hasta el número 3, otro juego de microfriends, un juego de fisureros, 15 cintas, dos cintas de reunión y 6 mosquetones de seguro; más o menos lo habitual. El reloj sonó a las 7:30h y hasta las nueve pasadas no empezamos a caminar. Lo que sucede en este periodo de tiempo desde que uno se levanta hasta que comienza a enfrascarse en la actividad propiamente dicha, sigue siendo un misterio. Independientemente de donde te levantes, ya sea refugio, atrio, soportal, camposanto, pradera, tienda, cobertizo, furgoneta, parada de autobús o cuneta; ya sea invierno o verano; ya te encuentres con Pamela (la de los vigilantes) o con el callo de tu compañero de “troulas”, no se por qué, es imposible ponerse en acción en menos de una hora. Supongo que la dimensión temporal se rige por parámetros ajenos a nuestros biorritmos costumbristas.
Sea como fuere, empezamos la senda que rodea las “cimas” en medio de los turistas y las familias que visitan el parque. Ser escalador en Italia parece que es ser algo. La gente te mira diferente, yo diría que más que mirarte te ven con cierto orgullo. Se preocupan de preguntarte a dónde te diriges y en sus ojos se puede ver una sensación de respeto cuando les informas; ¡cuánto nos queda por recorrer!..”
El acercamiento a pie de vía es realmente cómodo, en una hora te puedes situar en la base de la pared. Al final, entre sortear gente, alguna que otra foto, que si la meteo no da mucha confianza, que si la cara norte intimida, que cuál es el zócalo de entrada a la vía, que qué grande es esta pared, etc; no empezamos nuestra escalada hasta cerca de las 11:00h.
Por encima nuestra, en la misma vía, se vislumbraban tres cordadas que debían andar por el tercer o cuarto largo; no pensamos que eso pudiera convertirse en un problema, pero a la postre sí que condicionó toda la escalada.
El comienzo de la vía consiste en realizar una serie de trepadas fáciles (¡ojo con la roca suelta!) por un zócalo muy evidente hasta ganar una cómoda repisa donde empieza la escalada propiamente dicha. La vía en general está muy claveteada y no ofrece muchas dudas en su itinerario. Las dificultades aparecen ya en el tercer largo. Allá donde veas en una vía un trozo de cordino colgando de un anclaje hazte a la idea que seguro que hay un “pasito” donde apretar. Este largo, 6b+/6c transcurría de derecha a izquierda inicialmente, sobre una roca extremadamente pulida y bastante cuarteada, y casualidades de la vida había un cordino bien largo y majo. Ante este panorama no queda otra, acerada. Este largo es toda una declaración de intenciones de lo que te espera en la vía: muchos tramos de roca fracturada, junto con pasajes un tanto patinosos y algún que otro cordino colgante.
Este tercer largo lo enlacé con el cuarto. En este punto vimos como una de las cordadas que estaba por encima nuestra comenzaba a rapelar. Creo que eran alemanes. Estaban que trinaban; llevaban en la pared desde las 7:00h y tuvieron que estar esperando en una reunión dos horas y en otra una hora más. Una cordada de escoceses que iba por delante estaba ralentizando toda la escalada y decidieron bajarse. Aquí nosotros también nos planteamos descender, porque los teníamos en la reunión siguiente, pero una vez que ya estábamos metidos en faena, que sólo quedaban dos cordadas por encima y viendo lo variable de la meteo para los siguientes días, casi mejor aprovechar el momento y tratar de adelantar si es posible en algún largo.
El siguiente largo tardé en iniciarlo más que nada para darles margen a las cordadas de arriba y lo mismo sucedió en la siguiente tirada. Los relevos 7 y 8 son bastante duros y mantenidos pero tal vez los mejores de la vía. Si no te sales de la línea de la vía la roca es bastante buena y con algún pasaje disfrutón.
A medida que vas ascendiendo dos cosas son las que más te llaman la atención: la cantidad de piedras que se precipitan al vacío. Nunca había escuchado tantas estelas “ululantes” rondar mi espacio aéreo, afortunadamente la pared cae hacia el lado malo y éstas no la tocan; y por otro lado, la cantidad de colillas que te vas encontrando en el itinerario. No debe de haber un solo largo donde no encuentres alguna colilla encastrada en las pequeñas fisuras que presentan; ¡es un tanto penosa la imagen que da..!.
El siguiente tramo sería el ideal para adelantar. Hay que superar una especie de canal pedregosa de unos 120m que es posible abordar por diferentes zonas. Hicimos dos largos donde es posible que metiera un total de cuatro o cinco seguros, lo que evidencia que no es muy difícil. Pero justo donde podríamos haber ganado tiempo tuve el problema que una de las cuerdas se enganchó en un saliente y me hizo tener que ir arrastrando de ella y esforzándome enormemente para poder avanzar, ¡porca miseria!
Así llegamos después que los escoceses al siguiente cuello de botella, el L12. Un diedro-fisura de 50m que estaba totalmente empapado y sobre el que caía agua de una canal superior. La verdad que el largo de estar seco sería muy bueno pero en las circunstancias en las que se encontraba, te obligaba a ir con mucha atención para no resbalar. Instintivamente trataba de secar las manos en la bolsa de magnesio pero no servía de nada, sólo conseguía generar una pasta sobre ellas nada adherente. Algo de acongoje pasé y eso que sobre el papel no pasa de V+. Mirado con otro enfoque, creo que fue el largo que más claramente evoca lo que es una Cara Norte Clásica: austera, lúgubre, expuesta, húmeda y épica.
La reunión de este largo se hace en un nicho muy cómodo, sino fuera porque te estás mojando. Al llegar a él, el escocés me dijo algo así como “ha sido divertido”, yo pensé que estaba un poco loco.
Sólo quedaba un largo difícil. Una travesía de V+ a la cual había que acceder por una especie de chimenea totalmente empapada. Una vez que te izabas y ganabas unas placas a la izquierda la roca estaba seca y la progresión no ofrecía muchas dificultades. Los dos largos finales son un poco difusos y tanto puedes ir por la derecha como por la izquierda, eso sí, con cuidado de no pillar roca descompuesta.
De esta manera se alcanza el final de la vía que termina en la repisa circular que rodea la parte superior de la cima Grande. La cumbre se alcanza realizando una serie de trepadas fáciles o bien te coges la repisa y te vas a buscar el itinerario de bajada que si no se conoce tiene su “aquel”.
Eran alrededor de las 21:00h cuando llegamos al final. Se hacía de noche y no conocíamos el descenso. Hace nueve años había escalado en esta misma cumbre la vía Dibona. En el descenso nos habíamos liado y realmente se convirtió en toda una odisea llegar al suelo. Con esa idea en la cabeza nos piramos en busca de los hitos de bajada. Según se indicaba en la reseña que teníamos, los rápeles de bajada se encontraban siguiendo la repisa circular hasta estar en frente de la cima Piccola en un punto donde había unos cuantos hitos juntos. Entre que la luz ya era escasa y comenzó a entrar la niebla tuvimos bastantes dudas hasta encontrar los rápeles de bajada, pero acertamos. El resto del descenso se convirtió en una inquietante búsqueda del siguiente rápel en medio de la noche. Todos los rápeles están equipados, al principio con párabolt y cadena y luego argolla con químico. Además, están dispuestos para poder bajar con una sola cuerda lo que es recomendable, porque si vas con las dos se hace muy incómodas las maniobras. Nosotros nos equivocamos en dos puntos: en uno nos pasamos el rápel y tardamos bastante en volver a recolocarnos y en otro punto, donde al acabar el cuarto rápel hay que cambiar de vertiente y no dejarse llevar por la línea que se lleva. Aquí perdimos muchísimo tiempo y hasta que volvimos a la senda correcta pasaron un par de horas tranquilamente. Al final, resignación y bajar con calma tratando de no pasarse ningún rápel más. Hasta llegar al suelo fueron alrededor de 10-11 rápeles, aunque si el descenso lo emprendes con luz, la mayoría de ellos se pueden destrepar.
En definitiva, navegar por una Norte no sólo consiste en coger la reseña de la vía y analizar fríamente lo que allí se nos indica. Se hace necesario entender lo que implica un itinerario de esta envergadura, ya sea por su historia, por lo mediocre de su roca, por lo transitada que se pueda encontrar, por lo largo de la ascensión y sobre todo de sus descensos y porque, afortunadamente, nos siguen demostrando ¡qué “titanes” eran esos escaladores de antaño!. No hay Norte pequeña sólo escaladores ingenuos. Nos vemos en la siguiente..

viernes, 24 de agosto de 2012

Sur Directa a la Maladeta; MD; 6a+ (V+ oblig).



Ya hacía tiempo que había escuchado que el mejor granito del Pirineo se encuentra en la Maladeta y más concretamente en la vertiente sur del Pico Abadías (3279m); así que hacia allí nos encaminamos Aviño y yo. 

¿Cómo llegar a la vertiente sur de la Maladeta? Desde mi punto de vista el recorrido más agradecido es subir por Ballibierna hasta el refugio del puente de Coronas. Importante informarse del horario de autobuses que suben hasta allí, de lo contrario te puedes comer unos 9 Km de pista realmente insufribles si vas cargado con el material de escalada y de vivac. Una vez allí, seguir la ruta que se dirige a los ibones de Coronas y al alcanzar el ibón medio dirigirse al collado de Cregueña (cairns). Desde este collado ya se atisba la magnífica pared sur del pico Abadías. Desde allí, nosotros descendimos hacia el lago de Cregüeña, más concretamente hacia una enorme losa de granito que deja debajo suya un espacio bastante interesante para realizar un vivac.
Para el descenso a la civilización yo recomiendo seguir el valle de Cregüeña hasta alcanzar el puente de Cregüeña y de ahí, cómodamente llegar a la zona de acampada de Plan de Senarta, donde habíamos dejado el coche. Este descenso tiene zonas bastante descompuestas que no harían muy agradable ascender cargados por el hacia las Maladetas; pero nos permite completar una actividad circular de lo más interesante.
Esta vertiente de la Maladeta es realmente muy salvaje. Se ven neveros que perduran todo el verano, cordales graníticos que recuerdan territorios alpinos y el lago de Cregueña que le da un ambiente y un encanto especial a todo este valle. Posteriormente, me enteré que se trata del lago natural más grande del Pirineo y creo que el segundo de la Península.
Pues bien, una vez alojados en nuestra covacha, a cenar, a contemplar el lago y los cambios de tonalidades que va experimentando a medida que se retira el sol, a preparar el material de escalada para el día siguiente y al saco a descansar y disfrutar de una noche en el corazón del Pirineo.
No madrugamos demasiado. Por la mañana tarda en dar el sol y hace fresco. Salimos del saco al escuchar unos gritos de dos elementos que llegaron por el collado de Cregüeña. Eran David y Lorenzo que al decirles que íbamos a estar por la zona se acercaron a escalar con nosotros. Se dieron un buen madrugón para coger el autobús que sale de Benasque a las cinco de la mañana y que te lleva al puente de Coronas.
La sur del Abadías es una vertiente sur rara, poco convencional. Para ser una sur tiene un nevero permanente en su base que hace complicado acceder al comienzo de las vías. Además, para ser una sur, tarda en dar el sol y hace un “rasque” del demonio; vamos una Sur con personalidad.
Al final entre que si tengo frío, que si la roca está fría y unas cuantas historias y risas no empezamos a escalar hasta alrededor de las 11:00h.
El comienzo de la vía es muy evidente. Una fisura tumbada y pulida salva un gran bloque característico por su derecha. Esta zona inferior presenta un granito tremendamente pulido, supongo que por la acción erosiva del hielo sobre el mismo. De hecho tiene un paso de adherencia un tanto incómodo de 6a+, que cuesta resolver.
De los siguientes largos destacaría: el inicio del segundo, donde tienes que sortear un bloque algo fracturado y que no da muy buen feeling; pero se trataría de la excepción de la vía, el resto de largos siempre sobre un buen granito; el cuarto largo, es el menos evidente de la ruta. Sales de una reunión de fortuna que montas sobre friends y fisureros y justo por encima tienes dos diedros perfectos que te incitan a meterte por ellos, Hay que ir atentos porque en cuanto enfilas el diedro de la izquierda puedes ver un bloque repisa aún más a la izquierda y donde hay un tinglado para hacer reunión o para rapelar. No es necesario hacer reunión, si sigues y remontas un diedro muy disfrutón que se encuentra a su lado, se llega cómodamente a una repisa donde se hace el siguiente relevo; el sexto largo, para mi, el mejor de la vía. Muy mantenido y de buscarse bastante la vida para auto-protegerse. A tope de cuerda (60m) y subiéndose algo el compañero, se llega a la reunión que se encuentra justo debajo de la “gárgola”.
Mención aparte merece esa piedra que sobresale de la pared dos o tres metros y que por arte de birle birloque se mantiene en horizontal al suelo; le llaman la “gárgola” y sólo por la curiosidad de alcanzarla merece la pena hacer esta vía. Una vez encima de ella da la impresión de estar en un trampolín, o mejor dicho, en una plataforma de salto. Desde ella se aprecia perfectamente lo separada que está de la pared y lo que ésta desploma, me imagino que sería una lanzadera perfecta para hacer salto base si la pared tuviera algo más de altura.
El descenso se hace por rápeles de la misma vía excepto el primero. Para encontrarlo se rodea hacia la derecha y por unas gradas evidentes ganas la cresta que baja de la cumbre hacia el sur. No está muy arriba en la cresta. Cuidado con este primer rápel, hay que guiar bien las cuerdas para evitar que al recogerlas se enganche en un saliente a modo de cuerno que parece estar puesto allí para dar la lata. Son cinco rápeles de bajada, aunque con cuatro te quedarías muy cerca del suelo.
Después de los rápeles toca recoger el vivac y para abajo. A pesar de que chispeó algo durante el descenso y de que llegamos a Plan de Senarta bastante tarde, e de decir que el valle de Cregüeña me pareció impresionante, al igual que este paredón de granito medio escondido en la cresta Maladeta-Aneto. Un sitio para regresar ya sea a patear o a escalar.

jueves, 23 de agosto de 2012

Brujas-Franco Española en el Tozal del Mallo

Julio es un mes propicio para viajar a esos destinos, que por desgracia, no nos quedan demasiado a mano.
Así que hacemos el petate y con una semana por delante me voy con Aviño hasta Pirineos. El primero de los objetivos era Ordesa; más concretamente el Tozal del Mallo al que le tenía muchas ganas desde hace unos cuantos años. La vía elegida: Brujas-Francoespañola (435m, 6b+, (V+ oblig)). Según muchos pirineístas, esta combinación de la primera parte de la Brujas, junto con la segunda sección de la Francoespañola, es de las mejores escaladas que se pueden efectuar en Ordesa.
Ordesa es especial. Nunca semejante caos de bloques en equilibrios inestables y en contra de la gravedad, han generado paredes tan singulares para los escaladores. Seguir los itinerarios no suele ser sencillo, el embarque ronda cada diedro que se asoma a nuestra mirada y los bloques precarios intimidan los avances realizados. Pero todo ello hace que la escalada en Ordesa se vuelva adictiva. Una vez que te acostumbras a sus peculiaridades, las sensaciones que tienes son de un terreno de aventura absoluto. El escudriñar por ese caos de bloques llega a ser placentero y tremendamente satisfactorio; eso sí, mejor con un buen crokis.

Día 22 de julio, domingo, en vez de ir a misa como nos enseñaron de pequeños, cogemos el primer bus que deposita a los viajeros en la campa de Ordesa, durante los meses de verano. De allí, en una hora, se alcanza la base del Tozal siguiendo una senda perfectamente marcada que serpenteando por el frondoso bosque de pinos, abetos y hayas se dirige al circo de la Carriata. Se rodea el espolón característico de inicio de la Ravier y se alcanza la pared sur.
El inicio de la vía es bastante claro. Una flecha grabada en la roca indica la dirección a seguir en las trepadas iniciales, hasta alcanzar un bloque característico, donde haces la primera reunión. La vía en general, para ser Ordesa, se sigue estupéndamente y la roca por la que te va llevando es buena; sin olvidarnos que estamos en el universo de los bloques levitantes y que alguno puede ser, que se le de por suicidarse. “No fue el caso”.
Las sensaciones de la escalada son siempre estupendas. “Ambiente grandioso en Ordesa”. Los largos duros se pueden forzar todos en libre y es justamente allí donde la roca es mejor. Mi impresión fue que el largo más mantenido es la última tirada de 6b (L11); me pareció más duro que el tercer largo, que aun dándole 6b+ se resuelve fácilmente. Puede ser porque se encuentra al final de la ruta o porque lo tuve que hacer con la mochila a cuestas; “el Aviño andaba un poco desfondado pero aun así, seguimos en la brecha”.
La cumbre del Tozal es realmente bonita. Las vistas del cañón de Ordesa son fantásticas y el paseo de bajada se agradece enormemente, ya que te permite ir diluyendo la adrenalina de la actividad con las bucólicas praderas de edelweis y sarrios inquietos por nuestra presencia.
No fue lo único que andaba inquieto ese día. También la Guardia Civil. Con su helicóptero estaban buscando a una pareja de holandeses que habían solicitado un rescate. Justo antes de llegar a las clavijas de la Carriata nos los encontramos y parece ser que no se atrevían a bajar por ellas, por lo que llamaron al cuerpo de rescate. Como no sabían hacer la señal de llamada de emergencia el helicóptero pasaba por encima de ellos pero no les hacía caso; así que lo llamamos, se acercó, descargó a dos funcionarios y pensando que los descenderían a pie por las clavijas, nos fuimos. Al rato los montaron en el helicóptero y para abajo. Una vez en Torla, nos fuimos a cenar y los volvimos a ver tomándose unas pizzas. Uno de ellos nos comentó que: “el viaje en helicóptero le había parecido muy bonito”... ¡Con dos cojones! En Aragón creo que no cobran los rescates, aunque sean negligentes; si no, a lo mejor en vez de estar cenando tan ricamente, estaban haciendo una colecta en la plaza del pueblo.